PAPA Y MAMA…


Una buena amiga me mandó hace un par de días un correo llamado “Papá y Mamá… ya se fueron”. Este correo, muy bonito por cierto, explica como asimilan los hijos, los grandes cambios fisiológicos y mentales, (no sabía cual calificativo poner primero), que sufren sus padres, al arribar a lo que yo llamo “el séptimo piso”, o sea la séptima década de vida y de ahí p’alante. Estos notorios cambios, son los que nos obligan a entrar a aquello llamado “tercera edad”.

Me considero afortunado, pues vivo “en el gran país del norte” y aquí son muy cuidadosos en no estereotipar a nadie. Puedes ser negro, marica, asiático, cojo, colombiano, musulmán, tatuado, feo, gordo o viejo, pero nadie te va a criticar por eso. Para cada categoría hay un apelativo “aceptable”, para evitar los consabidos rencores o complicadas demandas judiciales.

Así, hay “african americans”, “gays”, “portly”, etc.  y a nosotros nos llaman “seniors”. Una verdadera maravilla, pues a los “seniors” nos dan descuento para un cafecito en McDonalds, para una hamburguesa y hasta para jugar golf! A los “gays”… creo que todavía no les dan, pero ya veremos que pasa en el futuro, porque al paso que van… les van a dar descuento hasta para la licencia matrimonial.

Sólo menciono lo de los “seniors”, pues hace unos días, leí un artículo en un periódico de Bogotá, que decía: “Anciano de cincuenta y cinco años…”, que me sacudió hasta las raíces. Carajo! Le llaman… eso a un muchacho de cincuenta y cinco años. Me faltan muchos años para ser… eso.

Volviendo al correo de mi amiga, en él se menciona que los padres hablan a veces, como diríamos… pendejadas, que cuando se les observa bien, es notorio el paso del tiempo, pues su contextura ya no es la misma, las odiadas arrugas, imposibles de esconder, ahí están; el cuerpo se les achica un poco en la mayoría de los casos y hasta manchas en la piel les salen, he oído que por mala circulación. Estoy hablando de los que tienen una existencia aceptable, pues no quiero tocar el tema de los que tienen problemas de salud, inevitables por cierto, a esa no deseada edad. Por algo, cuando leemos los clásicos, vemos mencionar el mentado “Elixir de la Juventud”, buscado con desesperación, por toda cultura hasta ahora existente.

El mentado correo, como muchos otros, mejor, como todos, te urge a que lo mandes a los hijos y nietos, preferiblemente a todos ellos, en las siguientes seis horas. Pero yo no se los mandaría, sencillamente porque ellos no lo entenderían; voy a usar una palabra mejor: no lo captarían objetivamente. Ojo, no hablo solo de los míos, pues todos son iguales; no son malos, solo no entienden el proceso. Todavía, aunque han hecho muchas búsquedas en la red, no han descubierto que tarde o temprano… llegarán allí. El paso de los años es implacable.

No quiero acusar a mis hijos, ni más faltaba; estoy generalizando tal vez. Pero cuando pienso como actúan, me desespero porque no nos dan el tiempo que quisieramos que nos dieran, para mostrarnos como hacer algo o para asistirnos en algún quehacer. Ahí es cuando mi esposa me recuerda que mi mamá mi pedía por días, a veces semanas, que le colgara un cuadro. Pero… siempre se me olvidaba el martillo.

Mis padres jugaron golf en California, durante los últimos seis o siete años de su existencia; seis o siete años y nunca los vi jugar; adoraban esa actividad y miraban mucha televisión, durante los fines de semana; conocían los jugadores profesionales distinguidos, en fin, les encantaba. Sin embargo, yo nunca tuve tiempo para decirles, ok, la próxima vez que vayan a jugar, yo quiero ir a verlos y quiero que me expliquen ese juego que tanta gente, no solo practica, sino adora, entre ellos, hoy en día, yo !

Cómo me hubiera encantado jugar, o mejor todavía, verlos jugar, aunque hubiera sido solo un día. Pero ahora, ya es muy tarde. Juego con mis amigos.

Nunca entendí su mentalidad, ni traté de ponerme en su lugar, para comprender una discusión, porque sencillamente… eran mis padres y ya estaban viejos.

Mi mamá, que tenía un carácter un poquito fuerte, cuando discutíamos, me decía frecuentemente: “cuando ya me haya muerto, me recordarás”…

…y mucho que lo hago !! A los dos !!

Rafael Ucrós

Cerritos, California

Agosto 3, 2013

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2 comments

  1. Este sí que me llegó al alma; estoy completamente de acuerdo y sé exactamente lo que dices pues pasé por las mismas. Pero ahora que disfrutamos de esa nueva mentalidad – o sabiduría – me siento mejor cuando la comparto con alguien, y ese alguien escucha y dice: “aja, entiendo, gracias”. Solo porque no son tus hijos ni familiares sino los hijos de amigas a quienes “ellos y ellas” no hubieran escuchado así les hubiera dicho exactamente lo mismo. Desafortunadamente, es nuestra mentalidad humana. Si aprendieramos a usar más la inteligencia emocional y la inteligencia spiritual, y no solamente el intelecto o inteligencia conciente, creo que nos ahorraríamos unos cuantos ratos tristes y lamentos como estos.

  2. Primo me identifico con lo que escribiste. Si nuestros hijos lo leyeran y aprendieran. no perderiamos el tiempo por que ya no nos oyen y todo lo que les decimos no tiene sentido para ellos. era en nuestros tiempos.

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