APUNTES SOBRE BOGOTÁ.


Después de seis años de no visitar mi ciudad natal, decidí escribir este compendio de “apuntes” sobre la aporreada y discutida Bogotá. Cito dichos calificativos, por lo que leo en la prensa a diario, por años.
Aclaro aquí, no son críticas. Me atrevo a llamar “apuntes”, a esta serie de hechos o situaciones, que me llamaron la atención y varias veces, me estrujaron el cerebro despiadadamente, pues no podía entender que existieran eventos tan radicalmente diferentes, entre la región que habito desde hace muchos años… y mi amada Bogotá. Pero bueno, de todo se ve en este mundo.
A pesar de estos “apuntes”, mi estadía fue como de costumbre, grata y placentera. A lo mejor, muy corta.
No hice, ni quiero hacer comparaciones; por ahí oigo que literatos distinguidos dicen que “las comparaciones son odiosas”. Si ellos lo dicen, por algo será. Entonces, para no ser odiado… no comparo.

Al llegar, por la prisa y el cansancio, tuve poca oportunidad de apreciar el nuevo, hermoso y moderno aeropuerto; éramos un grupo grande y la cantidad de equipaje era extravagante. Fui destinado a quedarme de último en un andén con las maletas restantes, esperando un tercer vehículo, cuando se me acercaron tres sujetos, dos de ellos, uniformados. El vestido de civil, me dejó perplejo cuando me dijo tajantemente,
–Sus papeles!
–Cómo dice? –respondí–.
–Sus papeles! –Ordenó de nuevo, esta vez gritando–.
Siempre he tenido gran curiosidad e interés de conocer el norte de África, países como Marruecos, Túnez y Argelia. Sin embargo, nunca he tomado el viaje, pues siempre me ha dado pavor que me increpen como en las películas de esos enigmáticos lugares: –Sus papeles!
–Señor, todo lo que tengo son dos Kleenex y cuarenta dólares; son los únicos papeles que tengo.
–Cuando me di cuenta de que el desconocido se me estaba “emberracando” y me estaba poniendo cara agresiva, le mostré mi Licencia de Manejar de California–.
El me miró a los ojos con cara de idiota y me dijo, –Pase.
–Yo no necesitaba pasar, pues desde que él se me acercó, yo estaba parado allí, esperando que me recogieran. Allí me quedé–. Era la primera vez en la vida, en que me pedían –Mis papeles!

Tengo que reconocer, que cada vez que vuelvo, el trauma es mayor, pues patéticamente, pierdo la identidad, soy un turista más, no tengo celular, ni menos, auto; no conozco el área, ni las calles, ni las avenidas, hablo diferente, me visto diferente, uso esclava de oro, además de reloj y mi cadenita con un dije de jade en forma de pirámide, el que he usado y adorado por treinta años. Todos me dicen: –Quítate todas esas maricadas que te van a robar!
El hurto pequeño existe por doquier; la diferencia, es que antes sucedía sin puñalada… hoy en día, a veces es con ella!
Hablando de los eternos robos, hay malas noticias sobre ellos: este fenómeno que envilece a su autor, no solo se ha acrecentado en los últimos años. No, está mucho peor!
Pero la gente está vacunada contra este fenómeno del hurto diario y a la hora de la verdad, no lo enfatizan mucho y además, me pareció que hasta lo ignoran. Esto, en español castizo, se llama patético conformismo. Alcahuetería.
Asombroso, pero comprensible, que el Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro, quiere iniciar una campaña para que los ciudadanos no usen los celulares en la calle, pues según cifras del año pasado, los robos de estos, provocaron más de 400 asesinatos en el país! Increíble… pero cierto.

Como en cualquier ciudad del mundo, tienes que cuidarte. Es siempre aconsejable que, como eres forastero, no andes solo y especialmente si lo haces, que no “cojas un taxi”; debes “llamar el taxi”. Pero te imaginas un bogotano que no pueda “coger un taxi” en su ciudad? Inconcebible, pero así es, a no ser que quieras arriesgarte a que te den “el paseo millonario”. Ojo, hoy en día, aunque es un invento nuestro ( ? ), te lo pueden dar también en Roma o en Sao Paolo.

Al mencionar taxis o servicio de transportes, me veo obligado de tocar un tema bravísimo… el tráfico de la capital colombiana. Este es terrible, sencillamente, algo increíble. Salir unas pocas cuadras, a hacer unas compras necesarias, es un proyecto mayor. Debes estar dispuesto a gastar mínimo una hora para recorrer un trayecto de veinte cuadras y a la vuelta, va a ser igual o peor. Además, es un asunto de extremo coraje, el afrontar semejante peligro. Todo bogotano… o bogotana, que se atreva a manejar un auto, aunque la mayoría lo hacen, es una persona arriesgada, audaz, rayando casi en temeraria; casi jugándose la vida a diario; en otras palabras, el que se siente al timón, es capaz de cualquier cosa y llegaría a riesgos extremos para lograr su cometido. Competencia continua con tus conciudadanos, con los taxis, con las busetas y con los buses.
Hay ausencia de avenidas, lo que causa la existencia de gran cantidad de estrechas vías residenciales, convertidas en caudalosos ríos automotores; esto deteriora cualquier calle en un corto período de tiempo… de ahí, los millones de huecos.
Ah, hay que pitar, pues ésa es la solución: –Pítale a ese idiota pa’que se mueva! –No dejes que te pasen, estas dormido? –Que no hay donde aparcar el auto? –Súbelo en el andén del frente, pues no nos vamos a demorar sino media hora. –Que nos ponen una multa? –Tranquilo, tu entras y yo convenzo al policía y le doy unos pesos.
Imagínate un Zorro dentro de un gallinero. Similar a nuestra Bogotá, donde el Zorro son los automóviles y las gallinas… los pobres peatones. Yo fui uno de ellos por varios días. Que horror. –A correr carajo, que me atropella ese idiota! –Súbete al andén!
Ahora que menciono andén, qué andenes Dios mío; la cantidad de huecos los hacen competir con las calles de nuestra amada metrópolis.
Es la ley de la supervivencia, donde el más “vivo”, el más “avivato”… gana. Pero honestamente, me parecieron mas arriesgadas y temerarias, las mujeres, que ellos. Unas berracas.

Ustedes se extrañarán que usé un término derivado de berraquera. Pero está de moda, entonces, por qué no usarlo? En mis épocas de colegio, sólo el oír dicho término, crispaba todos los pelos del cuerpo, las tías solteronas se daban la bendición tres veces, las mamás rolas le prohibían el noviazgo a su hija: –No queremos que sigas con ese malhablado, pues lo oí decir ese… odiado vocablo.
Hoy en día, el niñito de diez años, dice: –Papi, que berraquera de gol el de Messi, no?

Hablando de términos y dichos de la “jerga” diaria bogotana, me vinieron a la memoria un grupo de palabras, las que después de vivir en el extranjero por muchos, muchos años, analicé y comprendí, con algo de retraso. Me di cuenta de que son arcaísmos, localismos, palabras normales, que han sido “adaptadas” para que funcionen con nuestro medio ambiente y nuestra mentalidad. Para facilitar mi exposición, aquí defino algunas que se me vienen a la mente:
“Hospital”: Institución destinada a prestar servicios médicos… a la gente de estrato bajo.
“Clínica”: Institución destinada a prestar servicios médicos… a la gente de estrato alto.
“Escuela”: Institución destinada a prestar servicios educativos… a la gente de estrato bajo.
“Colegio”: Institución destinada a prestar servicios educativos… a la gente de estrato alto.
“Maestro”: Individuo que presta servicios educativos… a la gente de estrato bajo.
“Profesor”: Individuo que presta servicios educativos… a la gente de estrato alto.
“Gente Bien”: Este lo oigo desde que estaba niño: Gente de buena familia, gente chévere. Necesito ampliar un poco, ilustrar. Esta gente vivía de Teusaquillo hacia el Norte en los años 50; vivía de Chapinero hacia el Norte en los años 70; vivía de la Avenida de Chile hacia el Norte en los años 90.
Nunca oirás a una persona que se considere “Gente Bien” diciendo:
–Ala, acabo de llegar del “Hospital” de visitar al “Maestro” de mi hijo, quien ha faltado a la “Escuela” por varios días.
No; si lo oíste de esa forma, no es “Gente Bien”. A lo mejor es alguien como yo, que vive en los Estados Unidos. Así lo diría yo, pero no una persona de “Gente Bien”.
–Mijita –le dice la madre a la hija–, cuando te consigas novio, asegúrate que sea “Gente Bien”.
“Gente Mal”: ( ?? ) Nunca oí el término, pero me imagino que han vivido por años, al sur de la Calle Primera.
Para proseguir, lo siento, pero me veo obligado a definir “estrato”. Sin hacerlo, no podría continuar.
“Estrato”: Adjetivo cualitativo, que denota el “grado o categoría social” de tus antecesores y familia cercana, aunque haya dos pre-pagos y tres políticos en las cercanías. Mejor dicho, “Estrato Alto”, identifica a alguien “Bien”, a la “Gente Bien”. El adjetivo cuantitativo es implícito, pues significa mucho $ $ $.
Al contrario, “Estrato Bajo”, identificaría a la “Gente Mal” ?? No se… pues nunca lo oí.
Me contaron una historia de una señora de estrato seis, que le decía a su marido: –Mijo, estoy muy ofuscada y además emberracada! La Compañía de Energía Eléctrica nos bajó de categoría, pues en la cuenta de este mes, se atreven a catalogarnos como estrato cinco.
–Pero Mija, si nos ahorramos alguito de dinero… –contesta él–.
–Que alguito ni que maricada Mijo, que no se enteren las amistades y menos los muchachos; que dirán!
“Rumba”: la definición del diccionario LaRousse en los años 30 del siglo pasado, diría:
Ritmo Afro-cubano muy de moda en la región Caribeña.
Si hoy en día le haces un Google a la palabrita, encontrarás:
“Rumba”: Frecuente actividad socio-cultural, practicada por colombianos de todas las edades y estratos, que involucra consumir aguardiente, coloquialmente llamado “guaro”, hasta tempranas horas de la madrugada. En algunos casos, esta práctica supera en importancia a cualquier obligación laboral o familiar, pero no a un partido de la Selección. Desde las 3:00 a.m. en adelante, tienes la opción de ir a un “amanecedero” del 7 de Agosto, sitio que ofrece, fuera de licor, “muchas otras cosas más”, hasta las 9:00 de la mañana o más tarde… dependiendo de la “osadía” y las “palancas” del dueño del lugar. Y de allí, sales obviamente a manejar borracho, con la complicidad de los Concejales, los jueces y los policías de nuestra Ciudad.
Pero tranquilo, que si te agarran y eres “Gente Bien”, el juez te dará la casa por cárcel, por unos tres días. Si causas un accidente y desgraciadamente hay un muerto, se empeora un poco tu situación, pues te pueden dar hasta un mes… en la casa. Pero si no eres “Gente Bien”, veinte años en La Cárcel Modelo!
Según leo, en la opinión de muchos, incluido yo (si tengo “voto”), la famosa, conocida, popular y necesaria “Rumba”, es una de las razones por las cuales está así de rejodido el país.

Estamos enumerando definiciones, por lo tanto, como acabo de mencionar la palabra “voto”, me veo obligado a definir, “político”.
“Político”: Individuo que al obtener mayoría de sufragios de los “votantes”, se convierte en Senador, Representante, Concejal, Diputado, Alcalde Mayor, Alcalde Menor y en muchos otros cargos públicos, que ahora se me escapan. Estos son gente de inmaculados antecedentes, no necesariamente “Gente Bien”, quienes a los tres días de posesionarse, se convierten en manipuladores, tramposos, rateros, ventajistas, estafadores, sicarios, oportunistas, aprovechados, desaprensivos, pícaros, marrulleros, embusteros, embaucadores, extorsionistas, truhanes, farsantes, chantajistas, hampones y en muchos otros calificativos, que ahora se me escapan. Oh, muy mentirosos también.
“Votante”: Ciudadano, quien después de oír los discursos de estos canallas, es tan idiota, imbécil, majadero, pelele, tonto, retrógrado, anormal, deficiente, retrasado, estúpido, cretino, zopenco y mentecato, que va y vota por ellos.

Perdonen, tengo otras definiciones más que me encantan.
“Fracción de segundo”: Lapso de tiempo que transcurre entre el momento en que se pone el semáforo en verde… y el momento en que el imbécil del auto de atrás hace sonar con rabia y desesperación el pito de su auto, de diez a veinte veces.
“Pico y Placa”: Solución Salomónica (? ), la que, tratando de resolver el problema del tráfico, forzó a la “Gente Bien”, a comprar uno o dos autos adicionales, para que la familia pueda transitar los días de restricción. Además, la palabra vino a enriquecer el vocabulario capitalino:
–Esta noche hacemos Mija?
–No gordo, hoy tengo “Pico y Placa”.

En Bogotá se le ama con el alma a los extranjeros, mejor todavía, a todo lo extranjero. Me golpeó de sobremanera, ver la cantidad de nombres de negocios, principalmente y por lógica, en el idioma inglés. Industria Colombiana, subyugada a Norteamérica: “Cakes Plus”, fábrica de pasteles de boda; “Erótic Feelings”, discoteca; “The Escence”, almacén de perfumes; “Sublime Erection”, bar; “Guaro Unlimited”, amanecedero, “Rodeo Drive”, boutique, “Golosinas Bill Clinton”, fábrica de colombinas, etc.

Estoy totalmente en contra de patrocinar el mercado de lo “chiviado”.
“Chiviado”: Todo producto de autores nacionales, ya sea musical o literario, que se somete a copia no autorizada, para sacar beneficio económico.
Totalmente reprochable patrocinar este repudiable vicio. El que lo haga, comete un robo a nuestros conciudadanos, a nuestra economía y además, al país. Terrible, pero una gran mayoría de la gente, especialmente la “Gente Bien”, lo hace.
–Pa’qué voy a pagar más mi hermano, si así es más barato.

Como mencioné al principio de este escrito, estos son “apuntes”, no críticas, pero siendo bogotano, me siento con el derecho de “apuntar” aquí, fenómenos, que en mi opinión, no dejan progresar a mi amada Bogotá. Ni al país. Me emberracan y me trasnochan. Pero lo que no me puedo resistir, es la apatía del bogotano hacia todo esto, pues si no los afecta directamente a ellos o a sus familias, lo ignoran descaradamente. Uno esperaría un clamor general, demandando y exigiendo de las autoridades, del inoperante Alcalde o Alcaldes, acciones concisas para detener el alto grado de deterioro de la ciudad y todos los problemas que trae consigo. Pero la apatía gana.

Y la actitud hacia el civismo? Cuando van a Orlando, se comportan de acuerdo al entorno, ordenado y legal; pero cuando vuelven…
–Pero para qué me preocupo, si nada va a mejorar?
–Carajo, mejoraría si dos o tres millones de nuestros habitantes, un buen porcentaje, se propusieran tener una ciudad mejor, para sus hijos y nietos–.
La respuesta de la “Gente Bien”, que es la gente culta y educada, aunque haya dos pre-pagos y tres políticos en la familia, es: –Ah, pero eso pasa en Lima, en Río y ni se diga en ciudad de México. Además, todos sabemos que Bogotá es un magnífico vividero.

Nos vemos en seis años… si estoy vivo.

Rafael Ucrós
Cerritos, California
Octubre 10, 2013

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1 comentario

  1. Triste, muy triste lo que está pasando, pero desafortunadamente cierto!

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