HERMOSO SITIO.


Desde el momento en que empecé a caminar el hermoso sendero, me di cuenta de que había hecho una buena selección al entrar allí. El día anterior, saliendo de nuestro sitio de alojamiento de Tiempo Compartido, el “Royal Caribbean”, al ver el enorme aviso que aquí muestro, me interesé.

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Me informaron que el lugar constaba de “El Parque Arqueológico”, el que toma aproximadamente una hora recorrer caminando, y “El Museo”, algo más de hora y media, de acuerdo con el interés que le dediques a la exposición. El costo de la entrada, increíble… algo menos de US $4.00. Después me enteré de que para personas de la cuarta edad, como yo, es gratis. Algún día volveré a reclamar mi devolución.

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El Parque, con una arborización sencillamente exótica, estaba bastante húmedo, aunque eran sólo las 9 de la mañana; además solitario, pues acababan de abrir sus puertas a los visitantes… y yo era el único. Curiosamente, en algunas partes la vegetación impedía en parte el paso de los rayos solares, lo que le daba al entorno, características especiales.

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Me encontraba sólo, pues mis compañeros de viaje no se interesaron en acompañarme; precisamente por esto, la hermosura de aquel sendero y el silencio reinante, sólo roto por el trino de muchas aves, me envolvió, invitándome a meditar un poco, lo que no tengo oportunidad de hacer con frecuencia, a no ser que esté desvelado.

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Encontré raíces que maniobraban para treparse a su árbol…

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… así como grupos de ramas que simulaban escenas de amor, abrazándose con desespero.

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Descubrí por doquier, grupos de cierta especie de palma, las que con sus bellas, enormes y geométricas hojas, parecían ofrecerme su esfuerzo para abanicar la humedad reinante.

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Me encontraba en la localidad arqueológica llamada Ruinas de San Miguelito, localizada en medio de la Zona Hotelera de Cancún, donde en los años cincuenta del siglo pasado (me siento medio raro diciéndolo así, pero hay que decirlo, je, je), había una gran hacienda cocotera, cuyo dueño vivía en Isla Mujeres, cuando Cancún era sólo una pequeña aldea de pescadores.

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Su nombre original es desconocido, sin embargo, se sabe que fue un emplazamiento Maya importante en los años 1250-1550 DC, aunque no pretende competir con ruinas bastante mayores, como las de Chichen-Itza, localizadas también en la Península Yucateca, a unas decenas de kilómetros de aquí.

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Disfruté mi experiencia al máximo, pues encontré “mini-pirámides” sin esperarlas, aunque entiendo que la mayoría de estas ruinas fueron “enclaves residenciales”, habitados por 200 o 300 familias.

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En una vuelta del camino, llegué al final del parque, donde me encontré con el hermosísimo edificio del Museo. Lo que aquí observas, es el elevador que da acceso a la planta alta, donde se encuentran los amplios salones de exposición.

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A la salida del elevador, se revela la sobria y contemporánea arquitectura, que con su geometría precisa y exquisita blancura, contrastan con El Parque que acabas de ver. El diseño del edificio me impactó. Muy artístico y destacado.

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Multitud de admirables piezas son allí expuestas, algunas de buen tamaño, la mayoría pequeñas. Éstas tallas de piedra, arcillas y cerámicas, por estar localizadas dentro de vitrinas, dificultaron mi tarea de mal fotógrafo. Por lo tanto ves muy pocas de ellas.

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A la salida del Museo, me encontré con Otto, el cuidandero, quien con su prehistórica imagen, malgeniado y malencarado como siempre, me increpó con dureza:

–Qué haces aquí?

–Pues admirando esta belleza de sitio, –le contesté–. –He hecho algo indebido?

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–No, –respondió–. –Pero, disfrutaste?

–Ciertamente, –le contesté con premura–.

–Entonces quiero pedirte un favor especial, Rafa. Ayúdanos un poco y recomienda nuestro magnífico Centro Cultural a tus familiares y amigos. Hemos estado abiertos unos pocos años y queremos más visitantes, por lo tanto necesitamos algo de promoción.

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Entonces, te lo recomiendo de corazón, querido amigo, pues el lugar es fascinante; la gran ventaja, es que en medio de la Zona Hotelera de Cancún, con brevedad y a un precio módico, puedes enterarte de la Gran Cultura Maya, sus orígenes y sus aportes a la civilización contemporánea. Un sitio inolvidable.

Le prometí a Otto promocionar su sitio y lo estoy haciendo contigo.

Cuando me despedí de Otto, me pareció ver un rictus de sonrisa en su cara. No se…

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EL NACIMIENTO.

Ligera adaptación de una historia Maya, que leí en El Museo.

Se dice en las poblaciones Mayas que el nacimiento de un nuevo miembro de la comunidad es de gran relevancia y tensión, por eso las casas son bien preparadas para recibir al nuevo bebé. Las ropas se limpian y se dejan al alcance de la mano; se compra o consigue todo lo que la señora comadrona requiera para realizar su trabajo y la familia se prepara bien para lo que se necesite en el momento.

Un día la partera fue avisada de que era hora de efectuar un trabajo más en su vida. Salió corriendo con sus instrumentos, entre los que estaba su inseparable cuchillo de Xya’ax jalalche’ , retazos de tela blanca y un puñadito de ajo.

Al llegar a la casa de la parturienta, los gritos eran estremecedores, tanto que hasta las pequeñas hormigas dejaron sus quehaceres y salieron corriendo a ver que pasaba. Pero en un intento de conseguir un mejor lugar para observar, se atropellaban la una a la otra y fue así que una de ellas cayó sobre el viejo rebozo de la comadrona. Apenas nació el nuevo ser, la partera le limpió las narices con la tela blanca y con el cuchillo de Xya’ax jalalche’, le cortó a la criatura el cordón umbilical, al tiempo que le pegaba unas buenas nalgadas, para hacerla despertar a este mundo.

Entregó el bebé a la madre, notando que las hormigas estaban por todos lados. Dirigiéndose a la que tenía en su rebozo, le preguntó por qué tanta algarabía, a lo que ésta respondió que ellas son las encargadas de avisar al resto de los animales, que hay una nueva persona en el mundo.

–Es un varoncito, –dijo la partera–. Las hormigas brincaron de gusto; salieron corriendo a dar aviso al resto, al tiempo que festejaban el nacimiento del niño, pues él, cuando crezca y se encargue de las labores de la “Milpa”, será quien las alimente, echándoles las migajas de su “Pozole”.

Milpa.- Maizal, sembrado, finca.

Pozole.- Sopa o cocido Pre-Colombino a base de maíz, que a veces tenía un significado ritual.

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EL PERRO.

Ligera adaptación de una historia Maya, que leí en El Museo.

Un hombre era muy malhumorado y se la pasaba peleando con sus vecinos y con su perro. El animal sufría cada vez más de su mal genio y malos tratos. Por eso K’aak’asba’al, “el espíritu del mal”, vio que podía sacar partido de esta situación. Así, se le apareció al perro y le dijo:

–He visto que te la pasas todo el día, triste, sufriendo y aguantando el mal trato que te da tu amo. Por qué no lo dejas?

–Sencillamente porque es mi amo y debo serle fiel, –contestó–.

El maligno K’aak’asba’al quería a toda costa que el animal dejara a su dueño. Tanto insistió, que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

–Creo que me has convencido. Qué debo hacer?

–Entrégame tu alma, –le dijo el maligno–. –A cambio de ello te daré lo que quieras; así dejarás de sufrir. El perro aceptó a cambio de que le diera un hueso por cada pelo de su cuerpo.

K’aak’asba’al se puso a contar los pelos del perro, pero cuando sus dedos llegaron a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto que hizo que la cuenta se perdiera.

Cien veces K’aak’asba’al empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla, porque el perro se movía.

Al fin, el maligno comprendió que había sido engañado y aprendió la lección: que es más fácil comprar el alma de un hombre, que el alma de un perro.

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Rafael Ucrós

Cerritos, California

Septiembre 2, 2015

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Categorías:ARTE, ESCRITOS, TEMAS, VIAJESEtiquetas: , , , ,

10 comments

  1. Un sitio precioso. Siempre merece la pena visitar los museos, nunca sabes lo que te pueden ofrecer y normalmente te sorprenden para bien.
    Un saludo Rafa.

  2. Qué lindo lugar. No me lo perderé cuando vaya a Méjico. Saludos, Patricia

  3. El sitio me parece fascinante, encantador; la naturaleza invita a colgar una hamaca y descansar arrullada por el trino de los pájaros y la media luz que se entrevera para hacer el sitio aún más plácido. Las historias están muy interesantes, sobretodo la última; gran lección nos deja, no?

  4. Gracias por compartirnos semejante belleza… tocara pasar por ahi algun dia! Saludos!!

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