LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRÁ


El pasado Diciembre, tuve la suerte de llegar a Chiquinquirá, al final de uno de mis dos recorridos por la hermosa región de Boyacá, departamento colombiano que nunca antes había conocido.

La Basílica del Rosario de Nuestra Señora de Chiquinquirá, a donde acuden miles de peregrinos anualmente y cuya larga historia data de hace más de un par de siglos, está enclavada a un costado de la enorme Plaza de Bolívar, corazón de la ciudad; allí descansa la Patrona de Colombia, así proclamada por el Papa Pio VII en 1829 y posteriormente  canonizada por decreto firmado por el Papa Pio X en 1919.

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La enorme Basílica es de estilo Neoclásico, con múltiples elementos Dóricos; tiene un área total de 2.880 metros cuadrados e incluye tres naves rodeadas de quince capillas internas. Tiene un domo de 20 metros de diámetro, con un interior azul celeste, el color representativo de la Virgen. Me pareció imponente tanto su arquitectura como el grupo de elementos decorativos en general; los pisos de mármol fueron impresionantemente bien ejecutados; recorrí todas las capillas, las que no pude fotografiar por problemas de luminosidad.

La Virgen del Rosario de Chiquinquirá es un lienzo ejecutado por el pintor español Alonso de Narváez en Tunja, entre los años 1560 y 1562; representa a la Virgen María en medio de las imagines de San Antonio de Padua y San Andrés Apóstol. El lienzo fue mandado a pintar por el encomendero Antonio de Santana y el dominico Fray Andrés Jadraque, y fue colocado en la capilla de Los Aposentos, en Sutamarchán, pequeño pueblo boyacense, lugar donde vivía el encomendero. El defectuoso techo de dicha capilla permitía que el aire y la humedad entraran, por lo tanto, con el paso del tiempo, la pintura sufrió graves deterioros.

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Retirados los frailes de la misión en 1574, la capilla, así como el lienzo, quedaron abandonados y empezaron a deteriorarse, y este último perdió su color. En 1578 fue enviado a Chiquinquirá, donde se le colocó en un cuarto que había sido un oratorio familiar; allí se convirtió en un artículo en desuso, en el que nadie se interesó.

Unos años después, María Ramos, una piadosa y modesta española que allí servía, rescató el lienzo y lo hizo centro de sus fervorosas oraciones. El 26 de Diciembre de 1586, ella notó que este resplandecía dando la impresión de estar brillando; el lienzo además, parecía renovado pues había adquirido vivos colores y las heridas del tiempo en su superficie habían sanado.

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Ella se encargó de limpiar y mejorar el lugar y la noticia sobre el Milagro de la Renovación se difundió de inmediato. Así, las gentes comenzaron a acudir a visitar la imagen de la Virgen con frecuencia. Luego se decidió mover la pintura a lo que se llamó el Templo de la Parroquia de la Renovación Milagrosa, que con el fin de albergar el cuadro, fue construido por el párroco y los indígenas de la región, razón por la cual cincuenta años después, la defectuosa construcción estaba todavía inconclusa y el techo se había derrumbado dos veces.

Casi 150 años pasaron, hasta que el Virrey Ezpeleta, en 1790, ordenó la construcción de un nuevo templo en un lugar cercano, pero más adecuado, en Chiquinquirá, para lo que se convocó al arquitecto capuchino español Fray Domingo de Petrés, quien dirigió la obra desde 1796 hasta su muerte en 1811.

Debo aquí destacar que Petrés, unos años después, también construyó la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá.

Volviendo a Chiquinquirá, el nuevo templo fue consagrado en 1823 por el obispo de Mérida Lasso de la Vega y recibió el título de Basílica Menor en 1827 del papa Pío XI.

El 3 de julio de 1986, el santuario fue visitado por el Papa Juan Pablo II, quien oró por la paz de Colombia a los pies de la Virgen María.

Hablando de Paz, paseando por la Plaza de Bolívar mientras tomaba mis fotografías, me encontré con un muy pintoresco personaje, con quien tuve la oportunidad de departir por algunos minutos.

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En la esquina inferior izquierda, El Caminante de la Paz.

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–Soy Hernando Aguirre Arango, soy El Caminante de la Paz. –me dijo–.

–Llevo caminando por el país casi cuatro años, miles de kilómetros y he visitado cientos de pueblos y ciudades. Mi propósito es comunicar a los Colombianos la necesidad de una paz verdadera, de una paz duradera, de una paz que es un derecho de cada ser humano. Espero que los grupos alzados en armas como las FARC y el ELN lleguen a un acuerdo real con el Gobierno, para que nuestros niños y las futuras generaciones gocen de esa paz que nos ha sido negada por tantos años.

–Dios te oiga, pero en eso… yo no creo. –le contesté–.

–Y agregó–: –Quiero sembrar una Semilla de Paz en ti, en cada compatriota con el que hablo, a quien conozco, en cada casa donde me albergan.

–También me comentó–: –En algunas partes, los niños me han llamado El Santa Claus Caminante. En realidad, aunque mi propósito no es ese, esto me ha causado júbilo y le ha dado un matiz diferente a momentos de mi caminata, pues todo mundo me fotografía, como tu lo estás haciendo.

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Después de darle una donación para su viaje, continué mi recorrido y lo dejé con su causa… y su bandera. Me pareció un ser humano altruista, por lo tanto muy destacable; por eso te lo menciono aquí. Su sentimiento y su propósito son buenos.

Pero a mi no me sembró su Semilla de Paz, pues ahora que se aproxima la fecha de “la tal firma del tal tratado”… no puedo sino expresar mi temor y mi desconfianza. Me pregunto a menudo, qué va a pasar cuando esta manada de terroristas y maleantes trate de reinsertarse en la sociedad colombiana? Será posible hacerlo? No! No lo creo! De qué forma? Querrán hacerlo? No, pues están acostumbrados delinquir y al dinero fácil, sin ideales de ninguna clase. Los ideales originales desaparecieron hace decenas de años.

Ignorante del tema no soy, pues leo y veo noticias a diario, hace mucho. Pero viviendo en el extranjero por tantos años, no tengo el beneficio del debate con amigos, conocidos o extraños. Por esto, creo que mi conocimiento no es completo. Sin embargo, el tal proceso de paz me huele mal. Anhelo la paz como todos los colombianos, pero rechazo que las atrocidades cometidas por las FARC queden impunes, que las miles de víctimas no tengan alguna satisfacción, que sigan reclutando a la fuerza niños para usarlos como combatientes, que se le facilite a sus miembros participar en política, que se les entregue indirectamente el control de territorios del país, que se les permita conservar sus armas y sus dineros de procedencia ilícita, pero principalmente, rechazo enfáticamente que se burlen del pueblo colombiano demandando a diario favores y dádivas del Proceso, las que nunca se habían discutido anteriormente, como su petición, secundada por el Gobierno de Santos, de que se les retire de la lista de organizaciones terroristas.

Este soy yo y esta es mi honesta opinión.

Si no has estado en Chiquinquirá, es tiempo de que vayas a conocer la imponente Basílica, desde cualquier parte del país. Desde Bogotá son menos de tres horas en automóvil. El único problema, es que ya no encontrarás El Caminante de la Paz, por lo tanto no recibirás de él su muy necesitada Semilla.

La Virgen Patrona de Colombia sí estará allí esperándote. No la defraudes.

 

Rafael Ucrós

Cerritos, California

Marzo 8, 2016

 

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Referencias:

http://virgendechiquinquira.com/index.php?option=com_content&view=article&id=44&Itemid=2

https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-colombia-celebra-a-su-patrona-la-virgen-de-chiquinquira-67147/

 

 

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Categorías:ARTE, ESCRITOS, TEMAS, VIAJESEtiquetas: , , , , , ,

1 comentario

  1. Como siempre, espectaculares, tanto las fotos como los comentarios y descripción de todo el contenido; la información muy precisa, completa y rica en todo sentido. Leer tus escritos me deleita de manera especial hasta lo más profundo de mi ser, y revivo ciertos eventos o historias de esas tierras para mi bastante conocidas. Mi mamá nació en Chiquinquirá, y en una ocasión, (creo que para la sucesión cuando murió mi papá) fui con Luis a sacar una partida de bautizo de mi mamá y pasamos el día esperando la entrega hasta la tarde. Nos fuimos de turismo para aprovechar el día, pero la iglesia estaba en malas condiciones pues la estaban arreglando. Solo un punto no estoy muy de acuerdo contigo esta vez, y es lo de la semilla, especialmente en CREER; si todos creemos que la paz verdadera se va a firmar y todos vamos a vivir en paz, Dios va a hacer lo que solo El puede hacer y va a suceder. Pero, si al contrario, somos pesimistas y creemos que todo va a seguir igual o peor, el diablo va a meter la mano y seguiremos igual o peor. Se necesita una conciencia colectiva positiva y ver las cosas posibles de forma positiva (sin que seamos bobos) para obtener el resultado esperado. Y si no, miremos a Fernando Lersundi.

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